La llegada de Evenepoel pilla a Roglic de «medio salida»
Primož Roglič encara los 36 años y una nueva temporada en el WorldTour, explotó hace ya once campañas, aquella del Giro en la que le ganó una crono a Dumoulin, con una mezcla de serenidad y lucidez poco habitual.
Tras una década al más alto nivel, el esloveno afronta 2026 como un posible punto final, todavía vestido de Red Bull–Bora–Hansgrohe y con la sensación de haber cerrado un ciclo.
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Lo hace sin dramatismo, consciente del paso del tiempo y agradecido por lo vivido.
Roglič repite que sigue aquí, que sigue pedaleando, y que eso ya es mucho.
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Su discurso destila la madurez del que ha aprendido a convivir con las caídas, los triunfos y las decepciones.
Un ejemplo, aunque suene cursi.
Dice que el ciclismo le ha enseñado a ser feliz, a aceptar el sufrimiento como parte del juego y a valorar la vida diaria.
Esa filosofía se refleja en su manera de mirar al futuro, sin grandes planes ni certezas, simplemente con la intención de seguir disfrutando mientras tenga contrato y piernas.
En el equipo alemán, el equilibrio cambiará.
La llegada de Remco Evenepoel y la explosión de Florian Lipowitz sitúan a Roglič un paso atrás en el liderazgo, algo que él asume con naturalidad. Prefiere un rol más tranquilo, menos exposición y más libertad.
Considera que compartir responsabilidades es positivo, que hay rivales mayores —Pogačar y Vingegaard— y que lo importante será trabajar juntos.
Apenas conoce a Evenepoel, pero espera que el primer campus de pretemporada sirva para entenderse y construir algo común.

Su 2025 fue puro Roglič: victorias, golpes, caídas y resurrecciones. Ganó la Volta a Catalunya, se vistió de rosa en el Giro antes de estrellarse en la grava, y regresó en el Tour para acabar octavo, tras atacar sin reservas en los Alpes.
Cerró la temporada en Italia, fiel a su costumbre de no dejar nada a medias.
Dice que el Tour ya no le debe nada, que llegar a París fue suficiente para cerrar heridas.
Mira atrás sin rencor y adelante sin ansiedad.
Mientras tenga motivación, seguirá siendo ciclista. Y cuando llegue el momento de colgar la bici, lo hará en paz, sabiendo que lo ha dado todo y que, de algún modo, ya ha ganado su propia carrera.
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters

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