Vuelta: Más kilómetros de traslados que de carrera
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Hablando de traslados, he pensado muchas veces cómo debió ser el paso de Asturias a la costa mediterránea en la Vuelta 2022.
Dejaron entonces el norte de España para irse a Elche, donde Evenepoel sentenciaría media carrera.
Pasaron del fresquito astur, de correr entre niebla, al plomo del verano mediterráneo, cada vez más plomo.
Este año, el cambio de tercio fue al revés, yéndose de Caravaca a Valladolid, un traslado largo, aunque no tanto como el que se prevé para la próxima edición entre Granada y Baiona.
Eso es de Andalucía a Galicia, la madre de todos los traslados
Poner un gran tránsfer en mitad de la Vuelta se ha convertido en un clásico, contribuyendo que el kilometraje de los traslados sea una barbaridad.
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Ya veis más de 3300 kilómetros en viajes complementarios a la carrera, más que los de competición, que no llegarán ni a los 3300 kilómetros.
La situación me parece irreal, sinceramente.
Puedo entender que es complicado encajar todo el puzle de etapas de la Vuelta, Javier Guillén nos lo ha explicado en más de una ocasión, pero es que el tema de los traslados se está yendo de las manos.
Guillén vendió en la presentación esta cantidad de tránsfers como peaje imprescindible para tener una carrera mejor, en los escenarios oportunos y un espectáculo más asegurado.
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Que la Vuelta 2024 tenga más kilómetros de traslados que de competición es un despropósito, por un par de motivos, además.
Primero se condiciona la recuperación de los ciclistas, y eso que su salud, según la UCI y organizadores, es lo más importante.
Meterle horitas extraordinarias a la propia recuperación, quitarle tiempo de reposo en el hotel no puede ser bueno, ni por asomo.
Luego está la huella de carbono y responsabilidad sostenible de la carrera, acumulando una cantidad de kilómetros al final de carrera brutal para toda la comitiva que rodea el evento.
No es el mejor ejemplo, sin duda, un deporte que se vende sostenible y responsable con los suyos.
No sé cómo se lo montaban los hermanos Franco para visitar gran parte de la geografía española en los lejanos ochenta y noventa sin necesidad de estos traslados, no sé cómo la Vuelta ha podido sobrevivir sin esta presión ajena a la competición.
A veces, parece bueno aquello de cuando más sencillo mejor…








Totalmente de acuerdo (y me sobran más de 1000 caracteres).