Yo sí que veo una París-Roubaix en otoño
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Ya sabemos que cuando hablamos de cambios en ciclismo, luces rojas empiezan a girar entre las gentes de este deporte, y el cambio del que se habla ahora no es pequeño, sería llevar la Paris-Roubaix a otoño.
La cantinela ha sonado en la previa de la carrera y ha partido además de la parte francesa, del presi de la UCI, ni más ni menos.
Es decir, no han venido de fuera para realizar la recomendación, ha partido de ellos mismos, si bien la edición del año pasado, en el inicio de octubre, fue el inicio de este debate.
El atractivo de una París-Roubaix en otoño y mojada, obligada por la pandemia, caló entre la gente.
Resultó novedoso, algo que los millenials nunca habían visto, una Roubaix de barro y lluvia.
Como nos dijo Cortina, nada que ver en mojado que en seco y eso que el secarral de ayer, lo vimos, no era nada sencillo de torear.
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El tema es gordo y a mí, personalmente me ha sorprendido, repito, hablamos de llevar una de las carreras más preciadas de este deporte fuera de su marco temporal de siempre, abril, la primavera más genuina.
Una propuesta que no es cualquier cosa.
La semana pasada se debatió ampliamente en diferentes momentos, incluso Flecha dijo que verla en octubre le motivaba, por el elemento de novedad que suponía.
Por otro lado, el infierno en otoño repartiría los monumentos a otra época del año, muy instalados en primavera.
Al mismo tiempo, ciclistas que optan al Tour de Francia, por ejemplo, podrían plantearse su concurso.
Aquí obviamente todos miramos al chavalillo que no le tiene miedo a nada, que se plantó en Flandes y San Remo, y las condicionó él solo.
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A todos nosotros creo que ya nos valen estos argumentos, incluso nos agarramos al más épico, el de revivir la edición del año pasado.
¿Quién le diría a Colbrelli en esos momentos estaba tocando techo?
Dicho todo esto, el razonamiento que Tim Declercq deja en twitter pone de relieve la dificultad que le supondría a los ciclistas, que se verían en la obligación de dos picos de forma para los adoquines.
La íntima relación de Flandes y Roubaix, con todas las carreras de piedras que las preceden, quedaría rota, si el infierno se va a octubre.
Eso sería una vuelta de tuerca en las planificaciones, y no sólo eso, también en el calendario previo de Roubaix, con carreras que deberían trasladarse para las probaturas previas al gran día.
Pero esto es como todo, cuestión de voluntad, no hay norma que mil años dure e incluso lo más inquebrantable del calendario está sujeto a cambio, Roubaix en otoño tendría su sitio, sólo con que los organizadores la movieran, la gente, evidentemente iría detrás.








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