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Y con Fausto Coppi amaneció la primavera

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Una tarde hacia San Remo, Italia respiró primavera con el campeonissimo

«Un uomo solo é al comando». Cuando Coppi salía del negro túnel del Turchino, Italia entera resoplaba tras años de humillación: estaba floreciendo la primavera.

Ya lo creo que iba solo: El francés Tesseire, segundo, circulaba a un cuarto de hora, los otros más lejos.

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Cuando la Milán-San Remo ni siquiera había dejado la Lombardía, el vencedor ya iba solo.

Era Fausto Coppi, lo estaba haciendo en la primera gran carrera de Italia tras la Segunda Guerra Mundial.

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Nos vamos la Milán-San Remo de 1946.

Coppi logró culminar su magna obra con 147 kilómetros de escapada en solitario.Ya en las pedanías milanesas, Fausto ya estaba al frente.

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Turchino ese punto celebre de la Milán-San Remo es un paso de no más de 50 metros, oscuro y perentorio, el momento de dejar atrás el interior y empezar a atisbar el azul Mediterráneo.

Ese día vio la luz, la primavera que vino con Fausto Coppi, cargada a sus espaldas. Una multitud lo aclamaba. “Habemus Campeonnissimo”.

Una vez cruzada la meta de San Remo, Bartali se mostraba abatido, se sabía en retirada ante el nuevo fenómeno surgido de las cenizas de la conflagración mundial. Emergía sin embargo una legendaria rivalidad que fue llevada a todos los campos.

Coppi era el hombre moderno, libre pensador, estiloso, adscrito a los avances de la dietética y del entrenamiento científico.

Gino fue “el piadoso”, el campeón monacal en una Italia que necesita estímulos.

Un ser humano excepcional que jugó a ser héroe, anónimo durante mucho tiempo, en la guerra. Coppi era díscolo.

Dejaba a Bruna y su domicilio conyugal para irse con la conocida como “Dama Blanca”.

Bartali, el feligrés, icono de la Italia puritana y férrea, incluso rechazó besar a la miss Josephine Baker, en la salida del Tour de 1938 en París por estar comprometido.

Pero las exhibiciones de Coppi tenían “truco”.

Trabajaba con un masajista ciego que le seguía por doquier.

Con él Coppi revolucionó el concepto de optimización en el ciclismo. Sacó partido y punta a todo aquello que los grandes anteriores habían omitido. Su esfuerzo y sacrificios serían pasto de técnicas inusitadas hasta entonces.

Coppi resultó la Primavera del ciclismo, tal cual.

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El punto de inflexión.

Nada fue igual tras él.

Pero Coppi no se entiende sin Bartali.

Entre ambos ganaron ocho Giros y cuatro Tours.

Su pique les llevó a autoeliminarse ante la incredulidad de los rivales en el Mundial de 1949.

Incluso Bartali llegó a pensar que las pócimas de Coppi le daban un poder sobrenatural.

Dijo: “Miraré todo lo que me parezca sospechoso. Todos los frascos, todas las pomadas, todas las botellas. Se los daré a un amigo farmacéutico”.

Hay que cosas que desde entonces no han cambiado, la sospecha, la mirada de reojo al de al lado, eso tan latino que han adoptado todas las familias y apellidos del ciclismo.

MARCAS COLABORADORAS
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Ara Lleida

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