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Larrau fue la gota que colmó el vaso de Indurain

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Nunca se le hizo tan largo el trayecto de Larrau a Pamploma a Miguel Indurain

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«No siempre las cosas salen como uno quieren» vino a decir Miguel Indurain en aquella famosa etapa del Tour 1996 que llegó a Pamplona, previo paso por Aubisque, Marie Blanque, Soudet y Larrau, entre otros altos.

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Era al final de un maratón pirenaico de más de 260 kilómetros que destrozó el Tour 1996 para nunca más volver a ver nada igual.

Una jornada de gigantes que tuvo lugar en un espacio mágico y enorme, muy poco transitado por el ciclismo profesional -como nos cuenta Fernando Escartín- que sin embargo aquel día lució para en medio mundo.

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El Tour 1996 no iba bien, nada bien, para Miguel Indurain.

Sabéis de la primera debacle en Les Arcs, una pájara que anunció las peores sensaciones posibles sobre lo que muchos soñábamos, el sexto Tour.

En la víspera de la etapa de Pamplona, una jornada que la organización y el consistorio se planteó como homenaje a su campeón, Indurain había doblado la rodillo ante Riis en Hautacam, la cima de las tempestades.

Una derrota de la que no había vuelta de hoja, más allá de lo que pasaría en la jornada más importante de aquella edición.

Una jornada larguísima en la que los corredores pasarían el umbral de la frontera con España en Larrau, con la esperanza de Miguel Indurain le diera una vuelta drástica, casi dramática, a la situación.

Pero no fue sencillo.

Desde el mismo Soudet Piotr Ugrumov empezó el baile y los Festina y Telekom, ambos muy sobrados, entraron al trapo.

Laurent Dufaux, a la postre ganador de aquel día, siguió la marcheta, abriendo gas s conveniencia, con la aquiescencia de Jan Ullrich, tan imperial que no sé yo si le podría haber complicado la general a su compi Riis.

Al compás de Ullrich y Dufaux se cayeron las caretas.

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Los más fuertes de ese Tour eran Bjarne Riis, Jan Ullrich, Richard Virenque, Laurent Dufaux, Peter Luttemberger, Piotr Ugrumov, Luc Leblanc y Fernando Escartín, quien, a la vista de la compañía, se consideraba «un convidado de piedra» en ese grupo.

Detrás quedaban Olano y Rominger, muy activos al inicio de la jornada, con Miguel Indurain a su cobijo.

Se mascaba la tragedia.

El hueco creció y creció hasta que en medio de Larrau, con la afición enfervorizada a la vista del paso del Tour, Miguel Indurain llegó a decir NO con la cabeza.

Iba roto, vacío, ajeno a la carrera, Miguel se quedaba hasta del grupo de Olano y Rominger para ceder, más de cien kilómetros después, ocho minutos y medio ante los mejores de la carrera.

Las cosas no habían salido como se pretendía, dijo Miguel, lo que no imaginábamos, aunque podíamos intuir, es que estábamos ante las últimas horas del navarro en el Tour.

El principio del fin, Larrau puso broche a unos años inolvidables, entrando en el gran ciclismo como no volvió a hacer hasta 2007, cuando formó parte del camino de aquella famosa etapa en la que ganó Rasmussen de amarillo para luego ser expulsado de la carrera.

Por suerte Larrau vuelve a escena, ya lo sabéis, en la Vuelta 2023.

Muchas ganas de volver a verlo.

Imagen: Diario de Navarra

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Ara Lleida

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