Me alegra ver a Jan Ullrich entre ciclistas
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¿Pues qué queréis que os diga? Me ha gustado ver a Jan Ullrich entre ciclistas en la Mallorca 312, principalmente, pero también en otros entornos.
Hasta Tadej Pogacar se ha hecho una foto con quien hace un cuarto de siglo ocupaba su mismo sitio: ciclista muy joven que destaca desde el inicio en el Tour de Francia y todos los creemos destinado a marcar una época.
Quienes vimos competir a Ullrich recordamos que estaba llamado para marcar una época, lo decimos convencidos, tanto como que a él le atribuimos uno de los motivos por los cuales Miguel Indurain colgó la bicicleta.
El poder que expresaba Jan Ullrich sobre la flaca fue una imagen que no caía en el olvido, ni tampoco entre los ciclistas que le rodeaban, su perfil afilado, plano, muy fino cuando no venía de inviernos cargados, era elegancia pura, la perfección sobre la bicicleta, una estética que no le impedía arrastrar unos desarrollos que nos partirían por la mitad.
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Había dos Jan Ullrich, el que se concentraba en algo e iba a por ello, sin mediar palabra y el que se distraía fuera de la carretera, llevando la vida más alejada a la regla monacal que rige la rutina del ciclista.
Ya tuvo sus historias siendo pro, pero lo cierto es que los años recientes hablaban de una persona completamente fuera de control, con más de una visita a comisaría y aspecto desaliñado.
Estos días hemos presenciado una inédita circulación de fotos suyas…
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Tanto tiempo después da gusto ver a Jan Ullrich con ciclistas como Joseba Beloki, con quien compartió podio en el Tour, o Fernando Escartín, rival muy directo, e incluso Oscar Freire, quien le ganó el primer mundial en las avenidas de Verona.
Fueron rivales y hoy el aficionado medio de cierta edad se alegra de verles así, demostrando que las rivalidades pasan pero quedan las personas, pues al final esto es lo que nos iguala a todos.
Siempre he tenido especial cariño por Jan Ullrich, y ya no hablo de su motor sobre la bicicleta, me refiero a la persona y las olas en las que se ha sumido su vida, yendo y viniendo, siendo muy complicado no considerarle un juguete roto.
Espero que estas fotografías de Ullrich con ciclistas y rodando en la Mallorca 312 sean la realidad de un ciclista, pues siempre será ciclista, que vuelve a ser ciudadano normal sin más ruido que el que genere su presencia allí por donde pase.
Muchos le podrán atribuir algunos de los males del ciclismo, como a otros de su generación, pero el tiempo pasa, recordar constantemente que perteneció a un ciclismo que hemos enterrado no ayuda en nada, en todo caso da alpiste al mal rollo que muchas veces corre por las redes sin más objetivo que amargar.
Imagen: Mallorca 312








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