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Cuando Indurain se salvó por los pelos en el Ventoux

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Indurain casi arruina el 4º Tour en el descenso del Ventoux

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El consabido episodio de Indurain bajando por el Mont Ventoux, hace casi 30 años, nos sirve para recordar esas historias que hablan de la suerte de los campeones.

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La más obvia aquel Tour de 2003, con Alexandr Vinokourov con ligera ventaja y Armstrong esquivando a Joseba Beloki, destrozado por una caída en el descenso hacia Gap.

El pelotón no bajaba, volaba. En el gran grupo, el líder Lance Armstrong miraba con asombro su irreconocible rival de siempre, Joseba Beloki.

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Llega una curva no muy complicada, pero el asfalto era una suerte de caldo espeso. Las ruedas surcaban, horadaban el pringoso elemento.

Beloki trazó con todo. Perdió el control. Golpe seco, dolor, crash.

Armstrong no quiso ser el Agostinho de Ocaña y pudo esquivarlo. Se fue campo a través. El azar quiso que la ruta siguiera a sus pies metros abajo tras un viraje cerrado de izquierdas.

¿Quién lo diría años después? aquel supino ejercicio de suerte sería borrado en los despachos -Armstrong no existe-, pero la imagen persiste en nuestro recuerdo.

Armstrong fue sonreído por la diosa fortuna muchas veces, hasta que un día dejó de alumbrarle.

Un indescifrable código genético donde el engarce se llama suerte 

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Por ejemplo Miguel Indurain, por ejemplo en el Ventoux.

Sumen el cúmulo de causalidades que se deben dar en cinco años consecutivos para conseguir aunar otras tantas victorias con todo el pelotón ansiando tu trono.

Miguel Indurain pasó por un pasaje realmente complicado que estuvo a punto de costarle carísimo.

Fue en la edición de 1994. Descendía el pelotón de favoritos sobre la senda pisada por Eros Poli, aquel gigantón que besó el cielo en la cima del Ventoux camino de su etapa de Carpentras.

Ascendiendo el monte pelado, Marco Pantani, entonces no despoblado de pelo por completo, probó el “jaune” de Indurain, vamos como Vingeegard el de Pogacar hace dos años.

Luc Leblanc intentó jugar a secante, pero no le fue suficiente para llegar a la cima con el mágico de Cesena.

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Ya en el descenso del Mont Ventoux, insertado en medio del enfilado grupo, Indurain tiene un problema.

Medio pierde la verticalidad. El abismo le amenaza a su izquierda.

Zarandea sobre la bicicleta. Pánico. El angelito que le cuida, restablece la verticalidad.

Sí. Indurain nos dio la clave de eso que llamamos la suerte de los campeones, de aquello no palpable, pero que nos asoma a lo peor y a continuación nos retira.

Miguel, como Lance nueve años después, pisó mierda.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

MARCAS COLABORADORAS
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Ara Lleida

El debate.

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  1. Aún se me pone el vello de punta cuando recuerdo la caida de Beloki y la suerte que tuvo Arnstrong ese día ¿Y para que? … ese Tour ha quedado en nada.
    Lo de Indurain no lo recuerdo ( tengo unos años del ciclismo un poco perdidos), o es una metafora???

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